30/4/10

Música y ejercicio!

A la salida de las estaciones de tren o metro la inmensa mayoría de la gente opta por coger las escaleras mecánicas en lugar de subir a pie. Está más que demostrado. Pero, ¿habría alguna manera de invertir la tendencia y hacer que un número mayor de viajeros se decidieran por hacer un poquito de ejercicio? La campaña The Fun Theory, ideada por la agencia DDB Stockholm, viene a demostrar que es posible. Mirad cómo lo consiguen:

¿Cómo conseguir que se valore la música?

Un hombre, en una estación de metro en Washington, comenzó a tocar el
violín, en una fría mañana.

Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino de sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre le tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volviendo la cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, les forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte le dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo el silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos ni reconocimientos.

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín valorado en 3.5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell había colmado un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Ésta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla?

¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música que se ha escrito, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

Vídeo de Joshua Bell: para reflexionar....


Dando la nota con Merrie Melodies